bookmate game
es
Books
Émile Zola

Thérèse Raquin

  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    La comida no fue alegre en exceso. Los novios estaban serios y pensativos. Tenían desde por la mañana extrañas sensaciones en las que no intentaban calar. Ya desde primera hora, los había aturdido la rapidez de los trámites y la ceremonia que acababan de unirlos para siempre. A continuación, fue como si el prolongado paseo por los bulevares los arrullase y los durmiese
  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    Quiero a Laurent como a un hermano –dijo con tono doliente cuando ésta calló–. Puesto que tal es el deseo de usted, intentaré quererlo como a un marido. Quiero que sea dichosa… Albergaba la esperanza de que me permitiría llorar en paz, pero enjugaré las lágrimas puesto que se trata de su felicidad.
    Besó a la anciana, que se quedó sorprendida y asustada por haber sido la primera en olvidarse de su hijo. Mientras se acostaba, la señora Raquin sollozó amargamente, acusándose de tener menor entereza que Thérèse y desear sólo por egoísmo un matrimonio que la viuda aceptaba por simple abnegación.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    Y el espanto de ambos amantes iba creciendo día a día; día a día sus pesadillas los destrozaban cada vez más, los dejaban cada vez más despavoridos. Sólo confiaban ya en sus mutuos besos para matar el insomnio. Por prudencia no se atrevían a concertar citas; esperaban el día de la boda como un día de salvación tras el que vendría una noche venturosa.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    «Y eso que no soy miedoso –se decía mientras acababa de vestirse– y me importa un bledo Camille… Es absurdo pensar que ese infeliz pueda estar debajo de mi cama. A lo mejor ahora voy a creer lo mismo todas las noches… Está claro que tengo que casarme lo antes posible. Cuando Thérèse me rodee con los brazos, no pensaré ya en Camille. Me besará en el cuello, y no sentiré ya esa horrible quemazón que notaba… A ver el mordisco…»
  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    Hubo un momento en que le pareció que el lecho daba unos vaivenes extraños; se imaginó que Camille estaba escondido debajo de la cama, y que era él quien la movía de esa forma, para tirar al suelo a Laurent y morderlo. Y él, desencajado, con el cabello erizado, se aferró al colchón, creyendo que los vaivenes eran cada vez más violentos.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    Los dos amantes no volvieron a intentar verse a solas. Nunca se pidieron una cita, nunca cruzaron un beso furtivo. Era como si el asesinato hubiera calmado momentáneamente las voluptuosas fiebres de la carne; habían conseguido satisfacer, al matar a Camille, aquellos fogosos e insaciables deseos que no habían sido capaces de saciar entregándose hasta el quebranto a los brazos del otro. El crimen les parecía un vivísimo deleite que los asqueaba y desapegaba de sus caricias.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted6 months ago
    Laurent y Thérèse habían presenciado aquella breve escena con aspecto serio e impasible. El joven estaba encantado de que se reanudasen las veladas de los jueves. Las ansiaba fervorosamente, pues sabía que precisaba esas reuniones para alcanzar su meta. Además, sin preguntarse el porqué, rodeado de aquellos conocidos se sentía más a gusto, se atrevía a mirar a Thérèse a la cara.
    La joven, vestida de negro, pálida y recogida, le pareció de una hermosura que aún desconocía. Se sintió dichoso al encontrar su mirada, que se detuvo en la de él con valiente fijeza. Thérèse seguía siendo suya en cuerpo y alma.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    A veces, entraban bandadas de chiquillos, niños entre doce y quince años, que corrían a lo largo de la cristalera y sólo se detenían ante los cadáveres femeninos. Apoyaban las manos en el cristal y paseaban descaradas miradas por los pechos desnudos. Se daban codazos, hacían brutales comentarios, aprendían el vicio en la escuela de la muerte. Los golfos jóvenes tienen su primera amante en la Morgue.
    Al cabo de una semana, Laurent estaba asqueado. De noche, soñaba con los cadáveres que había visto por la mañana. Aquel sufrimiento, aquella repugnancia cotidiana a que se obligaba acabaron por alterarlo tanto que resolvió no ir ya sino otras dos veces. A la mañana siguiente, al entrar en la Morgue, sintió un violento golpe en el pecho: enfrente de él, en una de las mesas, Camille lo estaba mirando, tendido de espaldas, con la cabeza incorporada y los ojos entreabiertos.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Poco a poco, iba divisando los cuerpos. Pasaba entonces de uno a otro. Sólo los ahogados lo interesaban; cuando había varios cadáveres que el agua había hinchado y amoratado, los miraba con avidez, intentando reconocer a Camille. Con frecuencia, se les iba a jirones la carne de los rostros, los huesos habían horadado la carne reblandecida, la cara era como una papilla deshuesada. Laurent titubeaba; miraba atentamente
  • Dianela Villicaña Denahas quoted7 months ago
    Al fin se había librado de su crimen. Había matado a Camille. Un asunto zanjado, del que no habría que volver a hablar. Iba a vivir en paz, mientras esperaba el momento de poder tomar posesión de Thérèse. Pensar en el crimen lo había asfixiado a veces; ahora que ya estaba consumado, notaba el pecho libre, respiraba a gusto, se había curado de los padecimientos que la indecisión y el temor le causaban.
fb2epub
Drag & drop your files (not more than 5 at once)