Quotes from “Solterona” by Kate Bolick

Con quién casarse y cuándo: estas dos preguntas definen la existencia de toda mujer, con independencia de dónde se haya criado o de qué religión practique o deje de practicar. Quizá al final le gusten las mujeres en lugar de los hombres o quizá decida, lisa y llanamente, que no cree en el matrimonio. Da igual. Estas disyuntivas determinan su vida hasta que obtienen respuesta, aunque sea con un «nadie» y un «nunca».
miramos al pasado para describir quiénes somos en el presente
«movimiento de quehaceres domésticos cooperativos» iniciado en 1868, cuando Melusina Fay Peirce publicó una serie de artículos en The Atlantic Monthly animando a las mujeres a constituir cooperativas para las tareas domésticas y pedir una compensación económica a los maridos que claramente se beneficiaban de sus quehaceres.
Nunca deja de sorprenderme la facilidad con que creemos conocernos cuando, en realidad, nos conocemos tan poco.
Estar soltera es como ser una artista, no porque crear una vida en soltería que funcione sea una forma de arte, sino porque, además de la voluntad y la concentración para satisfacerlas, necesita que se le preste la misma atención meticulosa a cada una de las necesidades propias.
La razón principal por la que he elegido no ser nunca «la otra» es un fuerte sentimiento de hermandad.
incluso la opción de quedarse soltera era una cuestión de elegir una forma de dependencia frente a otra: las monjas dependían de sus superiores masculinos; las hijas sin casar, de sus familiares masculinos; las prostitutas, de la «protección» de los proxenetas
¿Cómo la piensan amueblar, cómo la piensan decorar? ¿Con quién la piensan compartir y cuáles serán las condiciones?
escribe en La tabla rasa, «La creencia de que los gustos humanos no son más que preferencias culturales reversibles ha llevado a los planificadores sociales a impedir que la gente disfrute de la ornamentación, de la luz natural y de la escala humana y ha forzado a millones de personas a vivir en grises cajas de cemento». Ignorar nuestros antojos primarios tiene un precio.

*Psicólogo Evolucionista Steven Pinker

Naces, creces, te casas.
Retrasas tus ambiciones, crías a tu familia, el cáncer te golpea a la mitad de tu vida.
Estaba convencida: tenía que vivir por mis propias aspiraciones, pero también por las suyas.

Si tienes suerte, tu hogar no es sólo el lugar del que te vas, sino también un lugar al que un día llegas. A veces me gustaría no haberme ido nunca de Newburyport o al menos haberme quedado un poco más. Desde luego, aquélla fue la última vez que sentí que estaba en un hogar tal y como yo lo concebía, en un lugar donde cada taza de té y cada silla daban pie a la conversación constante que había sido la relación con mi madre, una conversación que pronto se desvanecería en un susurro y luego amenazaría con desaparecer del todo. A la crítica literaria que hay en mí le molesta su papel en este libro tanto como me molestaría un giro argumental hacia el sentimentalismo en una película. Todos hemos tenido madre; pocos queremos perderla. Ojalá mis vivencias trascendieran esta llamada tan obvia a su compasión como lectores y yo fuera una escritora distinta, pero no puedo borrar el hecho de que mi vida adulta comenzó aquella mañana de mayo en la que mi madre respiró por última vez.
para muchas de nosotras la libertad es un marido mucho mejor que el amor.»
«mujer independiente» era una nueva categoría de ocupación «crucial para el funcionamiento de una civilización avanzada» (aunque no recibía salario ni reconocimiento).
Es complicado saber qué es más agotador: si la pura arbitrariedad de estar segura de que el gran amor puede aparecer en cualquier momento y lugar y cambiarte el destino en un instante (¡nunca se sabe quién puede aparecer al doblar la esquina!) o los esfuerzos de mantenimiento (manicura, ahuecado de raíces, ingles brasileñas, tratamientos faciales) que garantizan que estarás madura para la cosecha cuando llegue el momento.
Iris
Irishas quoted2 years ago
Con quién casarse y cuándo: estas dos preguntas definen la existencia de toda mujer, con independencia de dónde se haya criado o de qué religión practique o deje de practicar.
Edna Millay era una mujer hecha a sí misma, con una extraordinaria ética del trabajo que logró vivir de su ingenio, un logro infrecuente tanto en hombres como en mujeres.
Sería difícil encontrar otra escritora en la historia de las letras estadounidenses cuya presencia física dejara una huella tan profunda en hombres y mujeres por igual como Edna St. Vincent Millay.
nuestra sociedad nos dice que una solterona es alguien sin futuro —sin herederos que traer al mundo, sin nadie que la recuerde cuando se haya ido—, no una mujer que corre hacia él.
las solteras se consideran siempre una anomalía, una aberración con respecto al orden social.
energía, una trabajadora incansable, que no cae muy bien a los amigos míos que la conocen y a la que ni se le pasa por la cabeza casarse, al menos, conmigo.
Hay una chica en Nueva York que ha significado para mí mucho más que cualquier otra en mi vida. No estamos comprometidos y es prácticamente imposible que lleguemos a estarlo jamás. Es una «nueva mujer», ambiciosa y llena de
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