Quotes from “Chuang-tzu” by Octavio Paz

El hombre natural es dúctil y blando como el agua; como ella, es transparente. Se le puede ver el fondo y en ese fondo todos pueden verse. El sabio es el rostro de todos los hombres
No es exagerado afirmar que todo lo que llamamos «cordura» no es sino «empacar para los ladrones»; y lo que llamamos «virtud», acumular botines para los malhechores. ¿
¡Y todo esto sucedió por inmiscuirnos en el alma de los hombres!
sabio, el santo, es aquel que está en relación –en contacto, en el sentido directo del término– con los poderes natural
consolador saber que, hace dos mil años, alguien predicaba lo contrario: la oscuridad, la inseguridad y la ignorancia, es decir, la sabiduría y no el conocimiento.
Nuestra época ama el poder, adora el éxito, la fama, la eficacia, la utilidad y sacrifica todo a esos ídolos.
Así, el arquetipo de los taoístas es el mismo de los confucianos: el orden cósmico, la naturaleza y sus cambios recurrentes.
Lejos de perderse en las especulaciones metafísicas del budismo, los taoístas no olvidan nunca al hombre concreto que, para ellos, es el hombre natural
Fue como aquel que quiso detener el eco con un grito
Pobre en fuerza interior, vertido sobre la superficie de las cosas, ¡su método en verdad era estrecho! Ignoró su verdadera naturaleza espiritual y sus poderes; malgastó y fatigó su talento en una cosa y luego en otra y otra, todas ellas extrañas a sí mismo, para al final sólo ser conocido como un hábil polemista.
Cansados de buscar en vano, ¿no deberíamos moler nuestras sutilezas en el Mortero Celeste, olvidar nuestras disquisiciones sobre la eternidad y vivir en paz los días que nos quedan
sabio obra milagros porque es un ser en estado natural y sólo la naturaleza es hacedora de milagros. Pero mejor será cederle la palabra a Chuang-Tzu.
época ama el poder, adora el éxito, la fama, la eficacia, la utilidad y sacrifica todo a esos ídolos.
El reino de los filósofos, nos dice Chuang-Tzu, se transforma fatalmente en despotismo y terror
Estas anécdotas nos enseñan a desconfiar de las quimeras de la razón y, sobre todo, a tener piedad de los hombres.
Sus emblemas son el pedazo de madera sin tallar y el agua, que adquiere siempre la forma de la roca o del suelo que la contiene. El hombre natural es dúctil y blando como el agua; como ella, es transparente. Se le puede ver el fondo y en ese fondo todos pueden verse. El sabio es el rostro de todos los hombres.
viajero cuya mirada se dirige hacia su propio ser, puede encontrar en él mismo todo lo que busca. Ésta es la forma más perfecta del viaje
Todavía tengo lengua?». Lao-Tzu asintió. «¿Y mis dientes?» «Todos los has perdido.» Chang-Yong volvió a preguntar: «¿Te das cuenta de lo que esto significa?». «Quizá quieres decirme», repuso Lao-Tzu, «que los fuertes perecen y los débiles sobreviven». «Así es», dijo el maestro, «y con esto hemos agotado todo lo que hay que decir sobre el mundo y sus criaturas». Y murió.
Para los antiguos chinos –como para los viejos mediterráneos– la embriaguez era un estado de dichoso acuerdo con el mundo, una momentánea reconciliación con el fluir de la vida. El borracho se balancea, por un instante mágico, en lo alto de la ola vital.
La sociedad de Lao-Tzu y de Chuang-Tzu es irrealizable pero la crítica que los dos hacen a la civilización merece nuestra simpatía. Nuestra época ama el poder, adora el éxito, la fama, la eficacia, la utilidad y sacrifica todo a esos ídolos. Es consolador saber que, hace dos mil años, alguien predicaba lo contrario: la oscuridad, la inseguridad y la ignorancia, es decir, la sabiduría y no el conocimiento.
fb2epub
Drag & drop your files (not more than 5 at once)