XI
Mi madre fue a parirme entre zarzas para que
las dos sangráramos, ni los depredadores qui-
sieron verlo, ella y yo, desnudas, recorriendo
juntas el pasaje de la punzada, sincronizando
el llanto de todas las mujeres en una tonalidad
roja, desdeñando la piedad y reclamando nues-
tro legítimo lugar en la tormenta.