Pero, aun en el caso de que una generación de sabios consiguiese inventar la felicidad menuda de cada día en un millón de libros, por ejemplo, ¿para qué serviría? Solo en consultarlos, al aspirante a feliz se le iría la vida. Si buscase el remedio para una desgracia, por insignificante que esta fuese, ocurriría que sí, que el caso estaría previsto y resuelto en algún apartado de esos miles de libros. Pero, ¿quién podría encontrarlo?