Así, no son los incrédulos los que más se han burlado y jugado con las cosas de Dios, ¡sino los que declaran ser “de Casa”!
Muchos de ellos saben que están procediendo con el carácter engañador de Jacob (cuando fingió ser Esaú), aun así, no se arrepienten ni cambian de actitud; en lugar de eso, continúan actuando de modo fraudulento.
Tales “siervos” conocen los Preceptos Divinos, pero fingen y se disfrazan para pasar por personas fieles, espirituales y fervorosas, cuando, en realidad, sus ojos anhelan solo la alabanza y los beneficios humanos.
Frente a eso, que estas palabras suenen como una alerta de lo Alto para despertar a los que duermen y vivificar a los que están a punto de morir o, incluso, a los que ya están muertos espiritualmente, ¡antes de que su ruina sea irreversible!
Este libro, por lo tanto, tiene como finalidad avivar la fe, el primer amor y las primeras obras de los cristianos, para que su candelabro no les sea quitado (Apocalipsis 2:5).