Lo único que todos los padres del mundo comparten, además del amor por sus hijos, es el miedo a que mueran. No importa qué tipo de crianza lleves adelante, ni en qué cultura vivas, ni cuántos hijos tengas. Cuando alguien habla de la muerte de un hijo, real o ficticia, a todos los padres nos corre un escalofrío por la espalda. Es algo de lo que no queremos saber nada, pero sin embargo es algo sobre lo que sabemos un montón.