El anciano mago avanzó consternado internándose en la estancia, aparentemente no había nadie. Hojeó la habitación despacio, detuvo la mirada en un amplio ventanal y después buscó un sillón situado en la pared opuesta, nada, solo vacío. —Percibo en ti gran angustia. —Mundinoth se volvió sobresaltado.
Allí, junto a la ventana estaba Fengart, vestía un hábito en forma de túnica de color granate, era delgado, carecía de pelo, sus ojos verdes como el jade parecían brillar, aunque el tiempo rasgaba su piel, su rostro denotaba frescura.