16 de julio. He discutido con la niñera12; es imperdonable, me da vergüenza y me remuerde la conciencia, pues ella es una buena mujer. He tratado de hacer las paces, prácticamente me he disculpado, pero con esta gente una no puede conmoverse, porque no la van a comprender. Han venido a visitarnos los Fet13, buenas personas. Él es un poco grandilocuente y ella demasiado simple, aunque muy bondadosa. La pobre Tania me preocupa terriblemente. Continúa aturdida y mostrando síntomas de tisis. La pequeña Tania también ha estado enferma, he tenido miedo y me he angustiado mucho por ella; ahora se encuentra mejor. Es una niña tan dulce y viva, y sus ojitos y su sonrisa son un encanto. Seriozha ha empezado a comportarse frecuentemente de forma caprichosa, sin duda por culpa de la enfermedad, pero tiene un carácter bondadoso y agradable. La tormenta acaba de darme un susto. Liova está leyendo las escenas bélicas de su novela; no me gustan esos pasajes de la obra.
¿Por qué habré discutido con la niñera? Me parezco a mi madre; últimamente he descubierto en mí algunos rasgos semejantes a los suyos y que en ella me desagradaban. Sobre todo la costumbre de anunciar al mundo lo buena mujer que soy, esperando que por ello todos deban perdonar mis debilidades. Pero yo pretendo ser buena y ver todos mis defectos, y que nadie, sobre todo yo misma, me perdone nada. Que así sea.