Para una persona lectora como yo me considero, los libros acaban siendo una declaración de principios. Hay costumbres que nos definen, como el ser cazador, jugar a las máquinas tragaperras o pasarnos las horas en las redes sociales. La declaración de principios de los libros tiene que ver con nuestra discusión sobre los finales y las finalidades. Necesitamos meditar sobre el tiempo de la comunidad, de la información, del conocimiento, de la política. Necesitamos los libros como un modesto espacio de emancipación contra las multiplicaciones de la avaricia y la aceleración.