—Es que su hija es formidable, señor Quinn. Tan dulce, e inteligente, ¡y tan guapa! No sé si debería contarle esto, pero a veces paso delante del Clark’s sólo para verla a través del ventanal. La miro… la miro y creo que mi corazón me va a estallar en el pecho, como si el uniforme me estuviera asfixiando.