La raza, como idea y como práctica es, entonces, una tecnología política del cuerpo. El género también lo es, y quizá la más elemental, básica e indispensable de todas las tecnologías del cuerpo. Así es como el cuerpo del ciudadano ya siempre está marcado por las tecnologías de género y raciales. En Estados Unidos esta forma de marcar el cuerpo alcanza su apogeo o su forma más exorbitante en el sistema carcelario.