Para convertir sus días en un infierno, pegarles hasta hacerles sangre o quitarles la vida, dejando un rastro de odio en sus cuerpos. Para protestar por la comida, por la limpieza, por los hijos malcriados, por el tiempo, por las paredes que se desmoronaban. Para mostrarnos el infierno que puede llegar a ser la vida de una mujer.