A ti nunca te interesaron las definiciones; a mí, sí. No puedo evitarlo, son mi único camino para la supervivencia. Y lo que te tengo que decir no es ni una confesión ni una admisión. Es solo la verdad, la mía. Esa que he callado desde que un día de junio de hace cincuenta años, en una vieja casa cerca de este bosque, te entregaron a mí. La verdad que no existirá hasta que tú, con tu singular modo de sentir, no te decidas a sacarla del silencio.
Y puesto que sé que esta noche y en las pocas que me quedan tú nunca llegarás, lo haré a mi manera. Hablaré al límite de la oscuridad, me arrodillaré sobre la tierra más oscura rogándole que recoja nuestra historia y, cuando termine, le pediré a las cañas mojadas que diseminen mis palabras por el bosque. Por las calles del pueblo, por el fondo del agua, por el cielo. Para que lleguen hasta ti, Cristi, dondequiera que estés.