cómo el culto a Quetzalcóatl partió de la adoración a una antigua deidad acuática (la serpiente-nube de lluvia) que tenía atributos asociados a elementos como el relámpago, el rayo, el trueno y el fuego, y cuya presencia es posible rastrear hasta el sitio arqueológico de Xochicalco, Morelos, que para el autor no es otro que Tamoanchán, el lugar mítico por excelencia. Años más tarde, afirma, en tiempos de los mexicas, la deidad acuática pasó a ser el dios del aire (Ehécatl Quetzalcóatl), y hacia la época colonial, las crónicas se refieren al personaje por sus atributos.