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Rita Indiana

Asmodeo

  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    por último vio a Arsenio. Ascendía por un túnel de nubes hacia una luz de colorete nacarado, arrebatado con su cuerpo de niño en mieles de misericordia, liberado de toda culpa por quién sabe qué podridos tribunales. La injusticia de ese perdón la hizo estallar en un concierto de obscenidades por el que descendió millones de pisos, desamarrada definitivamente de Niurka y de su madre, de Rudy y del tiempo espacio del mundo.
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    Él no era maricón. Manca tampoco. Lo que hacían eran cosas de hombres, de emperadores romanos, de míticos guerreros griegos. «Serás un hombre cuando se lo metas a otro hombre por el culo o cuando te vengas con una ñema adentro», le había dicho Manca
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    Desde entonces le he sido leal a esta mula malagradecida y terca a quien he sacado de mil aprietos y junto a la que llevo una vida desprendida, como la de su madre, deslucida hasta hace poco, solo en mis deseos de estar presente el día en que el ángel de la muerte conduzca a Arsenio al infierno que le toca. Digo «hasta hace poco» porque otro deseo más fuerte iba a invadirme, el de acabar contigo, Asmodeo, demonio insolente, que te crees la gran mierda por un pasado seráfico de imposible verificación.
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    Al día siguiente, a solas en la casa y mientras Niurka se adormecía extenuada, hice un recuento de todo lo que había experimentado en las pocas horas desde mi caída, impresionada por la profusa cantidad de información, por la apretada agenda sensorial humana, por el tiempo ancho de las emociones, datos que en la frivolidad de mis pasadas posesiones de ángel guardián había reducido a cifras
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    y comprendí que me había dado de baja de las huestes celestiales para siempre
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    Pero los gritos de Niurka, sus súplicas, las sacudidas que daba con los pies, que colgaban como los de una muñeca de trapo, redujeron a polvo todos los manuales del cielo y abrieron una fisura abismal hacia su carne, por la que me despeñé, herida de compasión, como chupada por una aspiradora
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    Quizás Rudy le hablaba a Asmodeo a través de las arenas movedizas de su nuevo cautiverio. Quizás Rudy también necesitaba ser liberado, víctima de un arcángel con ínfulas autorales.
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    «Sayuri escóndeme, que toy en un lío», le dijo al verla en el balcón.

    «Le robó a su tío –le dijo Asmodeo–, no le abras la puerta.»

    Guinea, arrodillándose, se agarró de las rejas con las dos manos y lanzó un quejido aguantado: «Por favor manita, déjame entrar». «¿Qué fue lo que hiciste?», le preguntó Sayuri. «Le dimo un tumbe a tío Senaldo. Lili la Turbia trajo la camioneta de la colchonera y la llenamos con las vainas del almacén de la Espaillat. Arrancó sin mí, esa maldita pájara, me cruzó.»
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    «¿Qué es esto que estoy oyendo?», dijo Sayuri en su mente, y la voz, sorprendida, desde su vaguada de jipíos, le preguntó: «¿Me puedes oír?». «Clarito, como la luz del día», le dijo ella, y añadió «¿Por qué lloras?», y Asmodeo, enjugando lágrimas en el consuelo de una interlocutora, intentó explicarle los detalles de su desgracia.
  • Vanessa Pugahas quoted5 months ago
    Encima de esa mano no había cielo, sino el rostro, como un globo aerostático, de su dueño, un Rudy Caraquita con los ojos en blanco, de barba sin afeitar, boca entreabierta y babeante sobre cuyo hombro se asomaba, comandando las sádicas funciones de su títere, excitada, sudorosa y despeinada, Rocío el arcángel.
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