Siempre dentro de la infinita variedad que nos ofrece la constante desigualdad humana, que llega al extremo de hacer distintos hasta a los mismos hermanos mellizos, hemos de encontrar, por caso:
Jugadores de gran habilidad sin mucha inteligencia.
Jugadores de mucha inteligencia con poco manejo de pelota.
Jugadores de inteligencia y habilidad sin temperamento para la lucha, para la adversidad que el fútbol, como todo juego, reserva a todos.
Jugadores de mucho temperamento y espíritu de lucha sin astucia para aplicarla a la lucha de picardías que en esencia es el fútbol.
Jugadores de constitución física muy dispar.
No quiero seguir tipificando, por conciencia de lo imposible que resultaría agrupar a todos los normo-tipos humanos de esa variedad humana sin normas… Los casos señalados bastan.
Esos jugadores, todos aptos para jugar bien como propietarios que todos son de alguna virtud; ¿podrían hacerlo en el puesto de construcción o destrucción de juego que ellos mismos eligieron desde la informal distribución infantil?
Muchas veces, sí. Muchas veces, no.