Volviendo a la gestión del «tigre interior», representado por nuestras emociones primarias en forma de una «competencia sin comprensión», es posible educar, con la ayuda de una planificación consciente y de acciones responsables, estas respuestas inconscientes e irracionales para hacerlas más eficaces y eficientes de cara a nuestros fines. Para convencer a nuestro tigre de que se deje cabalgar no es posible utilizar directamente los argumentos de la razón. Debemos más bien ganarnos su confianza sin asustarlo, irritarlo o intentar someterlo a una coacción violenta, ni convertirnos para él en un bocado irresistible. Debemos intrigarlo y sugestionarlo, de modo que le vengan ganas de jugar con nosotros. En una antigua e icónica imagen china, el fundador de las artes marciales Shaolin, Bodhidharma, amaestró de tal manera a un tigre que consiguió que lo llevara sobre su grupa hasta la cima de la colina donde había sido fundado su templo.