El concepto griego de hamartia es amplio. Nombra el error, el accidente, la acción incorrecta o insuficiente cometida por ignorancia, el pecado. En la arquería se refiere a la manera en que uno falla al dar en el blanco; no se trata de un resultado que lamentar: apunta a la comprensión de la naturaleza de las cosas. La hamartia proviene de un conocimiento incompleto, de la imposibilidad del individuo para, en una situación comprometida, tomar una decisión correcta, que favorezca a todos (o que al menos no perjudique a nadie), pues ésta, dadas las circunstancias y la incompletud del ser, resulta imposible. En la tragedia griega, la hamartia del héroe provoca su desgracia, aunque el mal que causa (a sí mismo y a los demás) no sea deseado, ni tenga su origen en un afán de hacer daño (más bien, se localiza en la ceguera y el autoengaño).