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Nathaniel Howthorne

Wakefield

  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    En medio de la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, las personas están tan pulcramente adaptadas a un sistema, y los sistemas engarzados entre sí y a un todo, que si una persona se ausenta por un momento, se expone al aterrador riesgo de perder su puesto por siempre, pudiendo llegar a convertirse, como le sucedió a Wakefield, en el Desterrado del Universo.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    La vida de un ermitaño no es comparable a la suya de ninguna de las maneras. Él se encontraba, como estuvo siempre, inmerso en el bullicio de la ciudad, pero la gente pasaba de largo sin verlo.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Se las había ingeniado para apartarse del mundo —o más bien lo había conseguido casualmente—, para desaparecer, para abandonar su lugar y sus privilegios con los vivos, y todo sin ser admitido entre los muertos.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Todavía merodeará por su casa unos diez años aproximadamente, sin atreverse a cruzar el umbral una sola vez y manteniéndose fiel a su mujer con todo el afecto que su corazón es capaz de sentir, mientras la imagen que ella tiene de él se va desdibujando lentamente.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Los muertos tienen casi las mismas posibilidades que Wakefield, que se ha desterrado a sí mismo, de volver a pisar la casa que abandonó en el mundo de los vivos.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Si ella te diera por muerto o por desaparecido por un solo instante, o si permanecieras separado de ella mucho tiempo, terminarías por presenciar, para tu desdicha, un cambio definitivo en tu fiel esposa.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    En ese momento, inconscientemente, no hace caso del pequeño incidente. Pero mucho después, cuando ya lleva más años de viuda que de casada, aquella sonrisa reaparecerá, a modo de destellos, en los recuerdos que guarda del rostro de Wakefield. En muchas de sus reflexiones, disfrazará la sonrisa original con una multitud de fantasías, volviéndose ora extraña, ora espantosa. Si, por ejemplo, se lo imagina en un ataúd, aquella mirada de despedida reposa helada sobre sus pálidas facciones. Pero si sueña con él en el cielo, su aún bienaventurado espíritu conserva una sonrisa serena y astuta. A pesar de todo, cuando todos lo dan por muerto, ella duda algunas veces de su viudedad debido a aquella sonrisa.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Wakefield, ese hombre de edad madura, continúa resuelto a dejar perpleja a su buena mujer ausentándose una semana entera.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Ella, sin haber analizado su personalidad, era consciente en parte de un sosegado egoísmo que se había quedado anquilosado dentro de su inactiva mente, de una especie de vanidad —su atributo más molesto— un tanto peculiar, de una disposición a la astucia que rara vez había producido resultado positivo alguno, excepto el simple mantenimiento de secretos insignificantes que casi no merecía la pena desvelar, y, por último, de lo que ella llamaba «alguna pequeña excentricidad ocasional» que poseía el buen hombre.
  • Sara Gabrielhas quoted2 years ago
    Finalmente, tras este paréntesis tan largo en su felicidad conyugal —cuando su muerte se daba ya por segura, con su herencia repartida, su nombre totalmente olvidado, y cuando su esposa se había resignado hacía mucho, mucho tiempo a su madura viudedad—, entró una noche por la puerta tan tranquilo, como si solo se hubiera ausentado el día anterior, recuperando de nuevo su papel de amante esposo hasta la muerte.
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