La sociedad, según Comte, había pasado históricamente por tres etapas evolutivas. En la primera los humanos explicaban y justificaban la realidad social deduciéndola de un conjunto de premisas teológicas basadas en creencias divinas; en la segunda lo hicieron recurriendo a un conjunto de doctrinas filosóficas basadas en el discurso de la razón, pero de una razón metafísica, es decir sin que dichas creencias o explicaciones fuesen contrastadas con el funcionamiento positivo (efectivo) de la realidad social; por último, en la tercera, todas las explicaciones del comportamiento humano debían tener un fundamento positivo, es decir, contrastado empíricamente.