Te necesito, ahora mismo, en este preciso momento, para poder coger tu mano, mirar tu rostro, escuchar tu voz. ¿Cómo puede una carta sustituir el hecho de tocarte, verte y escucharte, con todos esos receptores sensoriales y nervios ópticos y vibrantes tímpanos? Pero no es la primera vez que hemos logrado utilizar las palabras como mensajeros, ¿verdad?