—¿Cómo es posible? ¿No te parece demasiado bueno para ser verdad? No me creo que me haya llegado una oportunidad como esta de la nada.
Al decir eso, Shūji me miró fijamente con el semblante serio.
—No es verdad. No te ha llegado de la nada, sino de los pasos que has ido dando y que han hecho que los otros también los den.
Alcé la mirada de repente y me encontré que Shūji me sonreía con dulzura.
—Eres tú quien se ha sembrado su propio camino, ¿no?
Sí, tenía razón.
Ōtōsha me había rechazado, pero si no hubiese tratado de entrar allí, no le habría contado a Kiriyama que quería trabajar como editora de novelas. Si no hubiera sido por eso, no habría tenido esa sorpresa, una sorpresa bonita e inesperada.