que su salvación dependía de él. Sin embargo, yo fui firme y le dije que no podía decírselo, por lo que se levantó sin decir palabra, se sentó otra vez en el rincón donde lo había encontrado y comenzó a mordisquearse los dedos. Vendré a verlo temprano por la mañana.
Drácula, Bram Stoker
Bram Stoker
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