Para el Estado, Laura no existe. El Estado despliega maneras oceánicas de negación, las criaturas que antes eran calificadas como monstruosas por una sociedad que juzga y corta, siguen siendo consideradas inadecuadas, pero de manera hipócrita. Se dice que existen derechos, pero se les aplazan, se les niega reconocimiento, el Estado las escruta y entierra expedientes en temporalidades imposibles