Boris Gunjevic

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    De acuerdo con el lema hegeliano de un misterio redoblado (el misterio que es Dios para nosotros tiene que ser también un misterio para Dios mismo), la verdad de este «juicio infinito» solo puede radicar en negar la soberanía plena y la omnipotencia de Dios
  • b7290150166has quotedlast year
    Ya Schelling escribió: «Dios es una vida, no solo un ser. Pero toda vida tiene un destino y está sujeta al sufrimiento y el devenir […]. Sin la idea de un Dios que sufre como un ser humano […] la Historia entera resulta incomprensible» [78]. ¿Por qué? Porque el dolor de Dios entraña que forma parte de la historia, que la historia lo afecta, que no es solo un Amo trascendente que maneja los hilos desde arriba. El dolor de Dios entraña que la historia humana no es solo un teatro de sombras, sino el espacio de la lucha real, una lucha en la que participa lo Absoluto y se decide su destino. Este es el trasfondo filosófico de la profunda idea de Dietrich Bonhoeffer según la cual, después de la Shoah, «solo un Dios sufriente puede ayudarnos» [79], atinado suplemento del «Ya solo un Dios puede salvarnos» de Heidegger en su última entrevista [80]. Por tanto, hay que entender de forma literal la afirmación de que «el sufrimiento indescriptible de los seis millones de muertos es también la voz del sufrimiento de Dios» [81]: el exceso de este sufrimiento comparado con toda medida humana lo hace divino. Recientemente, Jürgen Habermas expresó de forma sucinta esa paradoja: «El efecto de los lenguajes seculares que simplemente eliminan lo que una vez quiso decirse es la irritación. Cuando el pecado se convirtió en culpa y la falta a los mandamientos divinos se transformó en contravención de leyes humanas, algo se perdió» [82].
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    Ya Schelling escribió: «Dios es una vida, no solo un ser. Pero toda vida tiene un destino y está sujeta al sufrimiento y el devenir […]. Sin la idea de un Dios que sufre como un ser humano […] la Historia entera resulta incomprensible» [78]. ¿Por qué? Porque el dolor de Dios entraña que forma parte de la historia, que la historia lo afecta, que no es solo un Amo trascendente que maneja los hilos desde arriba. El dolor de Dios entraña que la historia humana no es solo un teatro de sombras, sino el espacio de la lucha real, una lucha en la que participa lo Absoluto y se decide su destino. Este es el trasfondo filosófico de la profunda idea de Dietrich Bonhoeffer según la cual, después de la Shoah, «solo un Dios sufriente puede ayudarnos» [79], atinado suplemento del «Ya solo un Dios puede salvarnos» de Heidegger en su última entrevista [80]. Por tanto, hay que entender de forma literal la afirmación de que «el sufrimiento indescriptible de los seis millones de muertos es también la voz del sufrimiento de Dios» [81]: el exceso de este sufrimiento comparado con toda medida humana lo hace divino. Recientemente, Jürgen Habermas expresó de forma sucinta esa paradoja: «El efecto de los lenguajes seculares que simplemente eliminan lo que una vez quiso decirse es la irritación. Cuando el pecado se convirtió en culpa y la falta a los mandamientos divinos se transformó en contravención de leyes humanas, algo se perdió» [82].
  • b7290150166has quotedlast year
    El fracaso de Dios no deja de ser el fracaso de Dios
  • b7290150166has quotedlast year
    Lutero propuso directamente una definición excremental del hombre: el hombre es como una mierda divina, salida del ano de Dios
  • b7290150166has quotedlast year
    Por último, el protestantismo plantea la relación entre Dios y el hombre como algo real, ya que concibe a Jesucristo como a un Dios que, mediante la encarnación, se identificó libremente con su propia mierda, con la realidad excrementicia que es el hombre. Solo a ese nivel puede aprehenderse la idea propiamente cristiana del amor divino, entendiéndolo como amor por esa miserable entidad excrementicia llamada «hombre».
  • b7290150166has quotedlast year
    no es de extrañar que Georgi Plejánov, el creador de la expresión «materialismo dialéctico», también llamara al marxismo «espinozismo dinamizado»)
  • b7290150166has quotedlast year
    Así, pues, cuando Catherine Malabou escribe que la muerte de Jesucristo es «al mismo tiempo la muerte del Dios-hombre y la Muerte de la abstracción inicial e inmediata de la divinidad que todavía no se postula como un Sí mismo» [92], lo que quiere decir es que, como Hegel señaló, lo que muere en la cruz no es solo el representante terrestre-finito de Dios, sino Dios mismo, el propio Dios trascendente del más allá. Los dos términos de la oposición —Padre e Hijo, el Dios sustancial del en Sí Absoluto y el Dios-para-nosotros, que se nos ha revelado— mueren, quedan superados por el Espíritu Santo.
  • b7290150166has quotedlast year
    A tenor de nuestra experiencia, deberíamos sostener más bien la idea de Steve Weinberg de que, aunque sin religión la gente buena seguiría haciendo cosas buenas y la gente mala cosas malas, solo la religión consigue que la gente buena haga cosas malas.
  • b7290150166has quotedlast year
    Por supuesto, cabe plantearse la pregunta de si Lutero no elaboró su nueva teología porque estaba atrapado en un ciclo superyoico violento y extenuante: cuanto más actuaba, se arrepentía, se castigaba, se torturaba, hacía buenas acciones, etc., más culpable se sentía. Eso le convenció de que las buenas acciones son acciones calculadas, viles, egoístas: lejos de agradar a Dios, provocan su ira y llevan a condenarse. La salvación procede de la fe: solo nuestra fe, la fe en Jesucristo como salvador, nos permite salir del atolladero superyoico. Sin embargo, su definición «anal» del hombre no es simplemente el resultado de la presión superyoica que le llevó a humillarse. Estamos ante algo más complejo, porque solo dentro de esta lógica protestante de la identidad excrementicia del hombre se puede formular el verdadero significado de la encarnación
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